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Instituto Nacional Sanmartiniano

Raíces españolas del General José Francisco de San Martín y Matorras. La Madre Patria y sus hijos, "Plus Ultra".

En el día del Respeto a la Diversidad Cultural recordamos los orígenes españoles del Libertador y los vínculos de unión con nuestra Madre Patria.

Un lejano 21 de septiembre de 1558 falleció Carlos I, luego Carlos V, apodado “el Invictísimo”. Fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Borgoña, soberano de los Países Bajos y archiduque de Austria.

En su imperio “no se ponía el sol”.

Llegaba, incluso, hasta estas tierras.

Su lema era “PLVS VLTRA”, esto es, “MÁS ALLÁ”.

A partir de allí, ese lema pasó a ser propio de España.

Tan importante y central para su Historia como lo son, para la literatura, Miguel de Cervantes Saavedra, Francisco de Quevedo y Villegas, Lope de Vega, Benito Pérez Galdós y Alejandro Casona.

Un 21 de septiembre más cercano, pero de 1863, nuestra Madre Patria reconoció definitivamente la Independencia Argentina a cuarenta y siete años de haber sido ésta declarada el 9 de julio de 1816.

Un 28 de mayo de 1880 se produjo la ansiada y postergada repatriación de los restos del General Don José Francisco de San Martín y Matorras, Padre de la Patria y Libertador de la Argentina, Chile y Perú. Desde ese día, su corazón descansa en el de Buenos Aires.

El presidente argentino era Nicolás Avellaneda, que no sólo buscaba hacer realidad el viejo anhelo sanmartiniano de sepultar enfrentamientos intestinos tan enconados como luctuosos, sino que, además, promovió la llegada de inmigrantes para poblar una Argentina en la que todo estaba por hacerse.

Llegaron barcos transportando hombres y mujeres de todo el mundo con pocas pertenencias, pero llenos de ilusiones.

Muchos españoles tomaron la decisión de aportar sus valores y cultura del trabajo en este suelo. Entre ellos, mis bisabuelos, que decidieron que había llegado el momento de que el cabo Finisterre quedara atrás. Podía ser el “fin de la tierra” según lo puesto de manifiesto, en forma apresurada, por el origen latino del topónimo (como lo demostró Cristóbal Colón), pero no lo era para ellos, que estaban dispuestos a ir “PLVS VLTRA”: “MÁS ALLÁ”.

Alguna vez Juan de San Martín y Gómez y Gregoria Matorras del Ser supieron seguir “por el azul del mar, el caminar del sol” y llegar a las tierras del Plata.

Aquí nació su hijo, el veterano de guerra de tres continentes.

Y aquí nacimos numerosos descendientes de españoles.

El lema palentino es contundente y denota una fuerza incontenible: “Armas y Ciencia”.

José de San Martín, ávido lector y guerrero valeroso, supo honrar ambas palabras.

Por medio del ejercicio intelectual de recurrir a obras clásicas de la literatura española, podemos llegar a inferir varios de los dilemas y desafíos que se le presentaron al Padre de la Patria al momento de escribirse nuestras primeras páginas como Nación Independiente.

En su ardor por afianzar la justicia, lo imagino cual el rey Fernando de Aragón dando perdón al pueblo de Fuenteovejuna que había puesto fin a la arbitrariedad de su cruel Comendador.

En su afán emancipador, lo vislumbro como a Segismundo en “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca, en las partes de su monólogo alusivas a la Libertad.

En su aborrecimiento por los tiranos, lo percibo combatiéndolos con la misma contundencia con que lo hace Quevedo al definirlos en su “Desengaño de la exterior apariencia con el examen interior y verdadero”.

En el fragor de la batalla, lo supongo esbozando alguna de las frases lacerantes y directas con las que Pérez Galdós recrea los pormenores de la definitiva y definitoria acción naval de Trafalgar del 21 de octubre de 1805: “El sol avanzaba hacia el zenit, y el enemigo estaba ya encima.”.

Y en la administración de sus silencios y dolor frente a las traiciones y libelos en su contra, puedo asociarlo con el carácter reservado de Martín frente a la partida de Angélica en “La Dama del Alba” que ideó Alejandro Casona a través de su pluma inconfundible.

A España, la Argentina y San Martín nos une un mismo idioma que nos brinda posibilidades infinitas.

Para comunicarnos, alegrarnos, expresar acuerdos y desacuerdos.

Podemos destacar los acontecimientos más bellos y censurar, con rigor, los hechos más oprobiosos.

Podemos escribir nuestros discursos y leer los ajenos.

Podemos enorgullecernos de los valores legados por nuestros ancestros: “trabajo”, “esfuerzo”, “saber”, “perseverancia” y “honestidad” que han permitido convertir este suelo en Patria, “allí donde partir es imposible”“donde permanecer es necesario”, como nos lo recuerda Julia Prilutzky Farny.

Cada vez que nos levantamos muy temprano para concurrir a nuestras labores, para estudiar y para atender distintos desafíos, esas palabras cobran vida y sentido. Nos permiten ir, una vez más, “PLVS VLTRA”: “MÁS ALLÁ”, sosteniendo en lo alto la mirada, haciendo posible que superemos obstáculos grandes o pequeños, temas trascendentes y hasta sucesos vacuos.

Esa integridad de nuestros antepasados no nos resulta extraña al advertir la de San Martín heredada de sus padres.

Y es allí cuando se hace carne y habita en nosotros.

Trabajar en el Instituto Nacional Sanmartiniano requiere de una conducta ética que hace imposible soslayar los principios de nuestro Libertador, forjados sólidamente en el espíritu originario palentino. Se trata de un “ethos” que, si no se tiene, hace imposible que se pueda desempeñar tareas aquí con honradez, coherencia, valor personal, honestidad intelectual, profesionalismo y rigor académico.

Hace algunos años se me ocurrió una forma de tratar de unir todos estos elementos en el esbozo literario, con toda seguridad imperfecto, que podrán leer a continuación:

  

"UN NUEVO 3 DE FEBRERO"

-“¿Con qué intención ha regresado este hombre

que ni tiene el acento de los nuestros

truncando una carrera ibérica exitosa?

- ¿Qué desea aquí este aventurero?”

 

Todo eso se preguntan sobre mí

a mis espaldas y de frente, por momentos.

Les extraña que no siga yo en España

y que haya vuelto a pelear por este suelo.

 

Es cierto, yo soy fruto de una mezcla

Nací aquí y tengo sangre castellana.

Mi señor Padre era, concretamente, de Palencia,

cuyo escudo tiene un lema: “Armas y Ciencia”.

 

“Armas” para luchar por justa causa:

por la Libertad, que es el valor supremo.

“Ciencia” para vencer al despotismo en su jactancia

y a su principal columna: la ignorancia.

 

Hoy, hace 85 años,

nacía mi padre en Cervatos de la Cueza.

Era un 3 de febrero, como hoy,

en que prestas están, aquí, las bayonetas.

 

Los realistas están desembarcando.

“Absolutismo” es la bandera que los guía.

Sus ideas no son las de mi Padre:

“Armas y Ciencia” era su consigna.

 

Muchos dudan de mí.

“¿Cuál es su causa?”,

se preguntan entre intrigas y libelos.

Algo tengo que hacer, de eso estoy cierto.

 

El arte de las Armas lo domino

lo demostré en Bailén y en Arjonilla

pero la Ciencia también tengo por anhelo

cuando con avidez mi colección de libros leo.

 

La Libertad sintetiza ambos conceptos.

Con mi sable lucharé por ellos.

¿Qué ha de pasar en esta instancia de la guerra?

Tal vez yo sobreviva, tal vez muera.

 

Me decidí a dar una señal:

Cargaré con mi caballo por la causa.

Mis granaderos necesitan de mi ejemplo:

su jefe jamás será un cobarde.

 

“Armas y Ciencia”, hoy, 3 de febrero.

Demostraré lo que soy, lo que aprendí.

Y por eso arriesgaré mi vida

en el día del natalicio de mi Padre.

 

Con valor lucharé, en recuerdo de él.

De su amor, sus enseñanzas, sus desvelos.

Es ahora o nunca, 3 de febrero, en San Lorenzo.

“¡Gloria o muerte, mis bravos granaderos!...”

 

Que viva España, que viva la Argentina.

El Instituto Nacional Sanmartiniano por testigo.

 

Licenciado Carlos Eduardo Larrosa

Instituto Nacional Sanmartiniano