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Instituto Nacional Sanmartiniano

24 de Marzo de 1816: Instalación del Congreso de Tucumán

En su afán de Libertad, San Martín apoyó en forma decidida la formación del Congreso de Tucumán y la Declaración de nuestra Independencia. "Preciso es que nos llamemos independientes para que nos conozcan y respeten", afirmaría insistentemente. Un día como hoy, un 24 de marzo pero de 1816, el Congreso de Tucumán iniciaba sus sesiones. Luego del 9 de julio, San Martín emplearía en todas sus proclamas a las tropas y a los pueblos la palabra LIBERTAD. Colaboración especial del Lic. Marcelo Calabria

“¿Cuándo empiezan ustedes a reunirse? Por lo más sagrado les suplico hagan cuantos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte; todas las provincias están en expectación esperando las decisiones de ese congreso: él sólo puede cortar las desavenencias (que según este correo) existen en las corporaciones de Buenos Aires... A los amigos, el padre Oro, Laprida y Maza un celemín de recuerdos, así como la firme amistad de este su mejor amigo, José de San Martín”. Fragmento de la carta escrita a Tomás Godoy Cruz el 19/1/1816.

San Martín, entonces Gobernador Intendente de Cuyo, había sido uno de los impulsores de la Convocatoria del Soberano Congreso y uno de los primeros mandatarios provinciales en priorizar la elección y envío de los diputados a Tucumán.

Preocupado por la situación interna de la nación y ante las noticias de una posible invasión desde Chile por parte de las tropas realistas, compartía con su amigo Manuel Belgrano la preocupación por la pronta reunión de la representación nacional, la rápida Declaración de la Independencia y la constitución de un gobierno central legitimado por el Congreso que le permitiera avanzar en su plan de liberación continental iniciando la marcha del Ejército de los Andes, organizado desde Cuyo para dar la libertad a América, pero con el Acta de Independencia en mano.

El 24 de enero de 1816 escribía nuevamente al diputado por Mendoza: “¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? Yo estoy con el mayor cuidado sobre el resultado del congreso y con mucho más si no hay unión íntima de opinión. Los enemigos están todos reunidos en Aconcagua, y según noticias recibidas ayer, haciendo aprestos para pasar. Dios lo haga, pues tal vez de este modo tomaremos Chile.

Dígame usted algo sobre los diputados llegados, ábrame su opinión sobre los resultados que espera de esa reunión pues esto me interesa más que todo, como que está ligado al bien general...”. San Martín conocía que la reunión del Congreso pendía de un hilo a raíz de la delicada situación política que vivían las Provincias Unidas del Río de la Plata y la lucha entre Buenos Aires y Artigas.

En otra carta del 24 de febrero de 1816 le decía a Don Tomás: “Mi amigo y paisano apreciable, las dos de 29 de enero y 11 de febrero las recibí juntas el correo pasado, ellas me manifiestan el odio cordial con que me favorecen los diputados por Buenos Aires; la continuación hace maestros, así es que mi corazón se va encalleciendo a los tiros de la maledicencia, y para ser insensible a ellos me he aferrado con aquella sabia máxima de Epitecto: Si hablan mal de ti y esto es verdad, corrígete. Si son mentiras, ríete” (traducida aquí de su original).

El futuro Libertador tenía claro que, desde su irrupción en la política porteña el 8 de octubre de 1812 al frente de sus granaderos, no era estimado por la dirigencia de la Capital, pero ello no lo amedrentaba en su tarea por la independencia.

Más adelante, en la misma carta expresaba: “Me muero cada vez que oigo hablar de federación. ¿No sería más conveniente trasplantar la capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero Federación! ¿Y puede verificarse? Si en un gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante se han tocado en la última guerra contra los ingleses (hablo de los americanos del norte) las dificultades de una federación, ¿qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas? Amigo mío, si con todas las provincias y sus recursos somos débiles, ¿qué nos sucederá aisladas cada una de ellas? Agregue usted a esto las rivalidades de vecindad y los intereses encontrados de todas ellas, y concluirá usted que todo se volverá una leonera, cuyo tercero en discordia será el enemigo...”.

El 12 de marzo volvía a escribir: “Su comunicación del 24 del pasado llegó a mis manos y fue tanto más satisfactoria cuanto me anuncia la reunión próxima del congreso, de él esperamos las mejoras que nos son necesarias, y si este no lo hace, podemos resolvernos a hacer la guerra de gaucho... En el caso de nombrar a quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano, es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural, no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.

La imagen del artista e ilustrador francés George Roux muestra un momento de los numerosos debates que jalonaron los días del Congreso que se inició en Tucumán en marzo de 1816 y culminó en Buenos Aires más de tres años después. 

Finalmente, 12 días después de esta carta, y luego de su denodada prédica, quedaba instalado el Congreso de Tucumán bajo la siguiente fórmula: “Reunidos los señores diputados de las provincias el día 24 del corriente, en la casa preparada a las sesiones del congreso suspirado por los pueblos como el medio más poderoso a promover y dar el más eficaz impulso al empeño de la causa del país, acordaron unánimes la exigente necesidad de su apertura e instalación; ... abrieron su primera sesión, instalando a la presencia del pueblo espectador de esta ceremonia augusta, el congreso de los representantes, consagrados desde este momento por un juramento público a las tareas y funciones de su alto destino... fijando su primera atención en la base principal del sistema social y político, cual es la autoridad soberana que con la fuerza imperiosa de la ley de la fidelidad, se atraiga el respeto y obediencia de los pueblos, precedida de la más seria y detenida deliberación, acordaron expedir y expidieron los decretos siguientes: Es instalado legítimamente el Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata y queda en aptitud de exprimir la voluntad de los pueblos que lo forman. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación”. Sala del Congreso de Tucumán, 28 de marzo de 1816.

Así, San Martín, había logrado su primer objetivo: la instalación del Congreso General Constituyente reunido en Tucumán; a partir de allí su prédica por la Declaración de la Independencia será el siguiente paso en la inquebrantable misión por la Libertad de América.


Lic. Marcelo Calabria. Docente de la Universidad Nacional de Cuyo. Miembro correspondiente por Mendoza de la Academia Sanmartiniana.

 

Fuente: "San Martín Modelo de Líder Americano". 1ra. Edición Impresa. Bs.As. 2014. Edición digital Ebook, Mendoza, Septiembre 2020.